EDADISMO: qué es y por qué deberíamos evitarlo

"tú ya estás muy viejo para eso!"

"con la edad que tienes ya no merece la pena..."

"si yo fuese más joven haría tantas cosas..."

Os propongo el ejercicio de contar cuántas veces escucháis este tipo de frases a lo largo de la semana o el mes. Expresiones que asumen limitaciones que quizá no existen. Que no importa en qué contexto estemos, aparecen. Que no nos extraña escucharlas y promulgamos con su contenido. Que son el día a día de muchas personas y su verdad.

Si estas frases no os "rechinan", dejadme deciros que estáis incurriendo en EDADISMO.

El edadismo se define, según la Fundación Pasqual Margall como el conjunto de estereotipos y prejuicios que presuponen que todas las personas de una determinada edad piensan y se comportan de igual manera o tienen las mismas necesidades. Hace también referencia a la discriminación que sufren los mayores por su edad. Todo ello parte del supuesto (y presupuesto) de que las personas mayores ya no son capaces de hacer cosas por el mero hecho de ser mayores, generalizando y dando por hecho sus presupuestas limitaciones. 


Este término fue ya introducido en la década de los 60 por el médico y gerontólogo Robert Butler, y me encantaría decir que esto ha ido en descenso, pero, por el contrario, estad conductas no hacen más que aumentar. 

Pudiera ser que según leyeras las líneas de arriba no te haya parecido nada mal, raro o fuera de lo normal, y es que el edadismo y la discriminación por la edad es un tema tan normalizado que hemos interiorizado y dado por sentado que ser mayor implica, per se, limitaciones sí o sí. 
Esta aceptación sin cuestionamiento de las limitaciones, provoca en las personas mayores falta de adecuación de los cuidados que necesitan (dando por hecho que todos necesitan la misma cantidad de cuidados), exclusión del mercado laboral (en aquellos casos que no se alcance la edad de jubilación), invisibilización en los medios de comunicación y redes sociales, trato diferencial en las administraciones, infantilización, disminución de la esperanza y calidad de vida, problemas de autoestima y una desoladora exclusión social y profundos sentimientos de soledad e inutilidad.




¿Y si dejásemos de ver la edad como una variable limitante y determinante y empezáramos a verla como acumulación de experiencias y sabiduría? ¿y si entendiésemos que no todas las personas por el hecho de tener más años quieren o necesitan lo mismo? ¿y si empezásemos a verlas como piezas clave en el desarrollo de una sociedad y una cultura rica en valores?.

Quizás es momento de plantearnos hasta qué punto podemos hacer daño a las personas asumiendo sus limitaciones.

Pero... ¿Cómo puedo yo luchar contra esto? En primer lugar, haz un ejercicio de autocrítica y  observa en cuántas de estas generalizaciones y prejuicios caes (porque sí, todos caemos). Comprende que el envejecimiento es una etapa más de la vida y cada persona llegará a ella con una mochila personal de capacidades, limitaciones, gustos, intereses y valores diferente. Cultiva el respeto hacia los mayores, se lo merecen. Educa a tu entorno en el respeto, tú ya sabes que esto es discriminativo. Ayuda y anima a tus mayores cercanos a participar en la sociedad, a apuntarse a aquella actividad que tanto quieren pero no se atreven, a hacerles ver que sí pueden y que el límite posiblemente sea traspasable. Anímales a aprender sobre nuevas tecnologías, se sentirán tremendamente más capaces, integrados y agradecidos. En definitiva, trátales como personas capaces y valiosas.

La edad no define quién eres.
La edad no define qué ropa puedes llevar y cual no.
La edad no define qué actividades puedes hacer y cuáles no.
La edad no define el respeto que mereces. 
 
Nuestros mayores son una fuente increíble de sabiduría y la voz de la experiencia, no les neguemos la oportunidad de compartirla con nosotros y con el mundo.

Comentarios

Entradas populares